En el Opencor no se ve gente pobre. Todo el mundo parece haber estudiado algo. Se nos suponen unas cualidades para cuidar a los hijos, por encima de la media. Pero no es así. No por decreto. Ven Álvaro, unos 5 años, quédate quieto, aquí en la fila... Pero mamá... Ven...
María, unos 7 años, ¿qué me vais a regalar por el día de la madre? ¿sabes que es hoy? Claro mamá, te di mi regalo el viernes, ¿no te acuerdas? Sí, pero ese era el del colegio. Te preguntaba si con papá me habéis comprado algo, no le diré nada, te guardaré el secreto.
Mamá, ya te dimos el regalo del colegio, apunta el niño.
Que sí, pero yo me refiero a que con papá me habréis comprado algo...
Vale, dice la niña agotada por la insistencia de la madre, es que te lo estamos haciendo, no está terminado...
¿Haciendo? ¿Como en el colegio? ¿Tu padre? No lo creo... No, no puede ser...
Casi literal, salvo los olvidos normales. La desilusión de la madre me invadió al mismo tiempo que unas ganas tremendas de volverme y gritarle. Pero no lo hice. Un millón de veces más, no lo hice. Pa mí se quea.
María, unos 7 años, ¿qué me vais a regalar por el día de la madre? ¿sabes que es hoy? Claro mamá, te di mi regalo el viernes, ¿no te acuerdas? Sí, pero ese era el del colegio. Te preguntaba si con papá me habéis comprado algo, no le diré nada, te guardaré el secreto.
Mamá, ya te dimos el regalo del colegio, apunta el niño.
Que sí, pero yo me refiero a que con papá me habréis comprado algo...
Vale, dice la niña agotada por la insistencia de la madre, es que te lo estamos haciendo, no está terminado...
¿Haciendo? ¿Como en el colegio? ¿Tu padre? No lo creo... No, no puede ser...
Casi literal, salvo los olvidos normales. La desilusión de la madre me invadió al mismo tiempo que unas ganas tremendas de volverme y gritarle. Pero no lo hice. Un millón de veces más, no lo hice. Pa mí se quea.
Probablemente haya quien no le dé importancia y piense que exagero, estoy segura. Sin embargo, yo lo veo como un abuso de autoridad, de edad y de poder. Presionar para que mientan, dejen de guardar un secreto y además, noten que con el regalo del colegio no fue suficiente: No sois bastante para mí, no hacéis lo que espero, ¿dónde coño está la cajita de la joyería?. Viniendo de una madre, son puntos extra para ir al loquero de mayores.
Por la noche voy al cine a ver "No tengas miedo", una película de Montxo Armendáriz que se queda en la presentación superficial de un problema muy serio como son los abusos sexuales a menores y además, el incesto. Deja claro que el peligro mayor no está en Internet, ni en la calle, ni en el extranjero, como se decía antes; el peligro mayoritario de la pederastia está en casa, o al lado de casa. Tiene tu propia sangre o es muy cercana. Y es tabú, sobre todo. También en esta película la "resolución" del problema de la víctima pasa por un tamiz de no matar al padre, ni física ni psicológicamente, le basta con una caída de pestañas, y eso no es real, por mucho 4º mandamiento de Moisés; la protagonista es atendida por una psiquiatra que parece ejercer un tipo de terapia demasiado clásica para estos casos, y que no cura (yo cambiaría la postura de los dedos a un buen corte de mangas). Sólo muestra la película la tela de araña, pero no cómo salir de ella. Y aún así, la gente sale aterrada... piensen, piensen, ¿en el cine es la primera vez que ven a un adulto hacer bromas sexuales a las amigas de sus hijas o a sus propias hijas? ¿en el cine es la primera vez que saben de adolescentes que sufren sin que nadie sepa el porqué y acusados de ser cada día más díscolos, anoréxicos y malvados? No hace falta tocar para abusar.
Por la noche voy al cine a ver "No tengas miedo", una película de Montxo Armendáriz que se queda en la presentación superficial de un problema muy serio como son los abusos sexuales a menores y además, el incesto. Deja claro que el peligro mayor no está en Internet, ni en la calle, ni en el extranjero, como se decía antes; el peligro mayoritario de la pederastia está en casa, o al lado de casa. Tiene tu propia sangre o es muy cercana. Y es tabú, sobre todo. También en esta película la "resolución" del problema de la víctima pasa por un tamiz de no matar al padre, ni física ni psicológicamente, le basta con una caída de pestañas, y eso no es real, por mucho 4º mandamiento de Moisés; la protagonista es atendida por una psiquiatra que parece ejercer un tipo de terapia demasiado clásica para estos casos, y que no cura (yo cambiaría la postura de los dedos a un buen corte de mangas). Sólo muestra la película la tela de araña, pero no cómo salir de ella. Y aún así, la gente sale aterrada... piensen, piensen, ¿en el cine es la primera vez que ven a un adulto hacer bromas sexuales a las amigas de sus hijas o a sus propias hijas? ¿en el cine es la primera vez que saben de adolescentes que sufren sin que nadie sepa el porqué y acusados de ser cada día más díscolos, anoréxicos y malvados? No hace falta tocar para abusar.
El 25 de noviembre todo el mundo sabe que tiene que conmemorar, salvo peligro de quedar mal, el día de la violencia de género (yo, que no soy sospechosa, ya ni sé cómo llamarlo). Todo el mundo acude a las listas de mujeres asesinadas y nadie se pregunta porqué se dejaron matar y dónde están sus hijos e hijas. Porque este problema no es del maltratador que, sin víctimas, no podría realizar sus males. Las mujeres maltratadas causan involuntariamente la desgracia de sus vástagos, les desatienden porque su adicción al maltratador y otras cosas las llevan a desatender lo primero: al que no puede defenderse aunque quiera. Y en los abusos sexuales en el hogar, tan abundantes y lo que no sabemos, las madres que miran a otro lado o tapan el problema, son tan o peores que el que abusa. Y si es el padre, obviamente, igual. Me estoy centrando en lo que suele ser habitual y en el encumbramiento a los altares del papel de las madres.
Este dolor de haber sido abusado, abusada, no tiene solución definitiva, sólo mejoría. Y esta mejoría, al igual que en los casos de drogadicción (origen en la falta de amor y autoestima), alcoholismo (origen en la falta de amor y autoestima), ludopatía, y demás enfermedades emocionales con el mismo origen, y que acaban siendo mentales también, sólo se alivian asistiendo regularmente a grupos de iguales, a grupos de anónimos donde nadie juzga a la persona ni se asusta de lo que oye o ve, ni le dice qué tiene que sentir con respecto a aquello que le pasó. Olvídalo, acéptalo, piensa en otra cosa... no ayuda. Sólo sacar la mierda fuera, denunciar si es preciso y si se tiene valor (y si no ha prescrito... mi dolor no prescribe, dice un personaje) y pasarlo muy mal viéndose por dentro es la única forma de sanar la podredumbre.A través de la comprensión de lo que le ocurre, la víctima puede dejar de culparse por algo que no hizo, y por lo que dejó de hacer. Puede perdonarse y perdonar y puede dejar de tener crisis de pánico y otros síntomas serios de la adicción al sufrimiento que ha ido aprendiendo a lo largo de su vida joven y que nadie entiende porqué pasan. ¿Por qué no comes? ¿Por qué corres? ¿Por qué estás callada, callado? ¿De qué tienes miedo?
Los maltratados y abusados que se convierten en abusadores y maltratadores pueden dejar de serlo sólo con la ayuda de estos programas de Doce Pasos que no son religiosos, pero sí tienen una importancia vital en la faceta espiritual de la persona, porque estas enfermedades no son físicas, sino espirituales. La psicoterapia y la medicación son imprescindibles en un primer momento, y hasta en un quinto, pero sin la ayuda de los grupos de anónimos, nadie podrá llevar una vida plena y llena de amor por la vida y confianza en sus semejantes. ¿Cómo puede aprender alguien a confiar cuando las personas que debieron cuidarle abusaron de ellos o ignoraron su dolor?
Volviendo al tema del post (no me he desviado) y a la divinidad materna sobrevalorada, en la película de Armendáriz hay algo que si alguien no ve, debería ver: el daño de la madre ausente; el daño inmenso de ver que quien tuvo que quererte por encima de todo, quien te regaló la vida, pierde la oportunidad de salvártela, de ayudarte, mira hacia otro lado y eso es, desde mi punto de vista, muchísimo peor que el hecho de que alguien venga a meterte mano debajo de la falda.
La Humanidad no necesita días de la madre, ni madres abnegadas y manipuladoras; ni madres que mandar a los reservados para los pobres y lisiados de la tierra; necesitamos madres valientes, capaces de partirse la cara por sus hijos, honestas, sinceras, autónomas, y que no necesiten más que agua y jabón para tener la cara limpia.


