domingo, 8 de mayo de 2011

MovimientoE3, ¿un movimiento sexy?

Mea culpa. No leí todo lo que tenía que haber leído, no quería ir mediatizada por nada ni nadie y no sabía que los proyectos de MovimientoE3 hubiera que votarlos, ni que hubieran de votarlos los mismos colegas y que, además, sólo 20 recibirán apoyo económico. Claro que tampoco sabía cuando oposité, que alguna vez, la administración iba a dar primas por escribir algunas líneas de más en sus proyectos educativos a los colegios que dijeran sí al Plan de Calidad, así que… Y de ninguna manera critico a Educared, que hace su trabajo y lo hace bien. La pena penosa es que lo tenga que hacer Fundación Telefónica porque tenemos la administración que tenemos.

No seré yo quien se rasgue las vestiduras porque una empresa quiera ser empresa, ¿quién me va a pagar a mí si no? Es más bien que, yendo a saraos, escuchando a unos y otros (ellas rara vez hablamos) se me remueven las ideologías que en mi caso, son multicolor. Porque vas al Reina Sofía, te recibe José de la Peña con sonrisa espléndida (gracias, Pepe, por tu saber estar) y va te llama "élite pedagógica", más o menos, y entonces te preguntas ¿Y si soy élite, por qué cobro como plebe? Y la plebe, ¿por qué cobra como yo?


Agradezco profundamente a Manuel que haya hecho el trabajo duro y el resumen que mi ángel de la guarda, Juanma Díaz, me pidió, así podré yo escribir otras cosas.

Vuelvo a sentir el dolor femenino de siempre. No es una manía de querer ver tacones en el escenario, no me infravaloren de esa manera. Es el ver, saber, y tener que aceptar que los hombres piensan y escriben y cobran la pedagogía que nosotras ponemos en práctica sin cobrar ni un euro de más, ni en las tarimas, ni en los hogares. Intento racionalizarlo, me planteo hacer terapia, pero al final siempre llego al dolor de esta realidad. Por supuesto, Educared y sus diversos movimientos no son responsables de esto tampoco; es lo que hay en cualquier sarao TIC por muy abierto, moderno y libre que crea(mos) ser.

Vayamos ahora a los millones que Telefónica y los bancos ganan y nosotros no, lo que nos convierte en resentidos y apaleados contribuyentes (servidora no siente eso, pero parece que mucha gente sí) de un estado que alimenta políticos ladrones, hermanitas de la caridad disfrazadas de ZP, banqueros sin alma, y que alimentamos con entusiasmo (al menos yo) consumiendo de todo a todas horas. Tengo de todo lo que las multinacionales me pueden vender, y ni me planteo renunciar a ello. Mea culpa, mea grandísima culpa.

Trabajo en la empresa pública. Y ahora se lleva emprender. Idea más vieja que la Tana. Mi abuelo tenía tres o cuatro negocios después de una guerra y sacó adelante a su familia y tres más y no tenía un mal título que echarse a la pared. ¡Y cómo cortaba el jamón!…  Lola, menos fino que esto, ni lo cojas, que eso es que te lo da alguien que no sabe. Mi amigo Miguel, experto economista en Comercio Exterior me cuenta que hay más empresarios sin título que con él; es fácil de entender. También me cuenta que se puede prosperar en medio de la crisis más brutal, y que en muchos países del mundo, no es difícil de imaginar, se ríen de nuestra "desgracia", viendo cómo nos dormimos en los laureles del paro y la sopa boba. Dicen que cada quien tiene lo que quiere tener, está donde quiere estar, con quien quiere estar y de la forma que elige. Y yo creo que es (casi) verdad, así que de nada sirve echarle la culpa a Telefónica. ¿Qué estamos haciendo mal para que Telefónica se acuerde de nosotros y nuestra Consejería no? ¿Ser desobedientes y no hacerle la ola? Ya quedó claro: la innovación viene de la disrupción, de fuera, pero eso podría y debería dejar de ser así. Si hasta tenemos una consejería de Innovación y todo...


Volviendo a la escuela pública (la otra también existe por nuestra dejadez) yo quiero trabajar, presentar resultados, contar las horas que dedico y cobrar en consecuencia, no quiero primas ni premios, quiero dignidad y nobleza. Darle una pátina de glamour a la educación pública para que cualquiera pueda optar a ser excelente (no cuela lo que nos están vendiendo de excelencia para todos en escuelas segregadas y que llegará, sin duda) incluso en la siembra del tomate, ¿o qué pensáis que vamos a comer si todos acabamos siendo excelentes intelectualmente?

Resumiendo, como si supiera hacerlo, que llevo años queriendo poner en marcha cosas que ahora creí que con este apoyo me sería más fácil, y resulta que no va a poder ser, porque yo no funciono con votos, sino con resultados, tampoco quiero votar humo, palabras, proyectos sobre papel, ni a gente que ayer ya se estaba promocionando mientras comíamos queso… Escribir sabe cualquiera y volvemos a lo de siempre, y aunque suene a marisabidilla, que no he escuchado nada nuevo (sí muy bien explicado y muy bien ordenado, y con una ideología muy clara) porque llevo muchos años en la escuela pública y me crié en un mundo de curas, monjas y empresarios autónomos, amén de llevar ya años en Grimm. Y aún así, me cuesta decir que me voy, así que estoy con el proyecto partío... Para ser honesta del todo, si yo tuviera que cobrar algunas cosas que pienso, la minuta serían más de 6.000 euros y serían para mí, no para el colegio, claro. Más el IVA.

Ya lo cantó Sabina:

Yo no quiero una escuela civilizada, con proyectos que tengo que votar.
Yo no quiero que vayas a congresos, y vuelvas en el AVE con ganas de llorar.
Yo no quiero farsantes en la escuela, yo no quiero que me robes los tuits.
Lo que yo quiero, maestro cobarde, es que pienses en mí. (dice el alumno)

Y nosotros lo cantamos así:



Tenores: Juanfra y José Luis, de lo más bonito que tenemos en la blogosfera educativa. La risa impertinente es mía.

No se levanten de sus asientos, dice la azafata del AVE y, país de emprendedores,  todo el mundo se levanta; yo le doy a publicar y que sea lo que Movistar quiera, que ya hemos llegado a Sevilla... Mi casa, mi aire, mi no-Metro... qué duro debe ser vivir en Madrid con el sueldo de un maestro. No te digo ná con el de una maestra.